Cada 25 de mes, el Día Naranja impulsado por la ONU invita a visibilizar y erradicar la violencia contra mujeres y niñas. Esta fecha representa una oportunidad clave para mirar hacia el origen del problema: la forma en que educamos, socializamos y construimos el mundo desde la infancia.
La violencia de género no comienza con un acto extremo, sino con pequeñas ideas que se normalizan desde edades tempranas. Antes de que muchas niñas y niños aprendan a leer, ya han recibido mensajes sobre lo que “deben ser”: ellos fuertes, ellas delicadas.
De acuerdo con el estudio Sácateladuda: Hablemos de tecnología de Avon, en México el 35% de las personas reconoce que existe un incentivo diferencial hacia los varones desde la infancia, otorgándoles mayor acceso a tecnología y dispositivos. Esta disparidad no solo restringe oportunidades, sino que también refuerza dinámicas de poder que pueden escalar hacia formas de desigualdad y violencia.
De acuerdo a ONU Mujeres, los estereotipos de género comienzan a interiorizarse desde los tres años y, para los 10, los niños tienen mayor probabilidad de percibirse como líderes, mientras que las niñas comienzan a dudar de sus capacidades.
Estas creencias influyen directamente en sus decisiones, aspiraciones y en la manera en que se relacionan con otras personas. Desde los juguetes que reciben hasta los roles que observan en casa, escuela y medios de comunicación, niñas y niños aprenden qué es “normal”. En ese proceso, también se pueden legitimar actitudes que van desde bromas o bullying hasta formas más graves de violencia.
El lenguaje es una de las herramientas más poderosas (y muchas veces invisibles) en esta construcción. Frases como “los niños no lloran”, “es una mandona” o “corre como niña” pueden parecer inofensivas, pero refuerzan estereotipos que limitan el desarrollo y la autoestima.
Por ello, prevenir la violencia implica actuar desde lo cotidiano:
- Fomentar conversaciones abiertas sobre igualdad y cuestionar los roles tradicionales desde edades tempranas.
- Utilizar un lenguaje inclusivo, reconociendo el esfuerzo y las capacidades de niñas y niños por igual.
- Promover referentes diversos en juegos, contenidos y aspiraciones profesionales.
- Distribuir equitativamente las tareas del hogar, entendiendo el cuidado como una responsabilidad compartida.
En un contexto cada vez más digital, también es fundamental reconocer que las niñas y mujeres enfrentan mayores riesgos de acoso en línea, especialmente cuando desafían estereotipos. Educar en el respeto y la empatía, tanto en espacios físicos como digitales, es parte esencial de la prevención.
Este Día Naranja, el llamado es claro: erradicar la violencia contra las niñas comienza mucho antes de que ocurra. Empieza en casa, en las palabras que elegimos, en las oportunidades que brindamos y en las creencias que decidimos transformar.
Porque prevenir la violencia no es solo reaccionar, es educar, cuestionar y construir, desde la infancia, un entorno más justo para todas y todos.
Para conocer más sobre las iniciativas de Avon, puedes consultar su sitio oficial.
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Fuente: Artículo institucional de AVON | Ciudad de México, abril 2026




