Mitos y realidades de compartir datos personales en la era digital

Mitos y realidades de compartir datos personales en la era digital
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Mientras que las instituciones bancarias y cada vez más empresas están solicitando información a través de la cual se pueda validar la identidad de un individuo -como el caso de los datos biométricos- y el incremento en la cantidad de videollamadas para comunicarse con compañeros de trabajo y amigos impulsó las conversaciones privadas por medio de estas plataformas, es claro que el uso de servicios y aplicaciones digitales que requieren de nuestros datos va en aumento: descarga de aplicaciones, compras por internet, firmas digitales, entre muchos más.  

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Un estudio realizado en 2020 proyectaba que las descargas de aplicaciones alcanzarían 258 millones a nivel mundial para 2022, lo cual representaba un incremento del 45% desde 2017.[1] La pregunta que queda en el aire es: ¿nuestra información está en riesgo? Antes de encender las alertas, la evidencia puede sugerir lo contrario.

Proteger la información es un camino de dos vías: por un lado, las instituciones y empresas deben garantizar que la tecnología empleada para el tratamiento de nuestra información cuente con mecanismos de seguridad de vanguardia, y por el otro, es necesario que nosotros, como usuarios de esas plataformas o servicios, cuidemos la información que proporcionamos o tenemos almacenada en nuestros dispositivos, lo cual implica que debemos desarrollar una “conciencia de ciberseguridad” que ponga a salvo nuestro futuro online y offline.

Con esto en mente, a continuación, abordamos tres mitos acerca de la seguridad de nuestros datos al compartir información digital:

Mito 1: La firma autógrafa es más segura que la firma biométrica

Realidad: de acuerdo con datos de la Condusef, las reclamaciones ante esa institución por robo de identidad mostraron una reducción del 33.4% respecto al mismo periodo del año anterior.[2] Si bien esta disminución es una buena noticia, es importante no bajar la guardia y proteger nuestra identidad. La identidad de una persona se puede determinar a través de datos como nombre, teléfono, domicilio, información financiera o médica, credenciales de identificación o cualquier otro que permita identificarla. En este sentido, un delincuente que tiene acceso a tus documentos sin autorización puede incluso intentar falsificar tu firma autógrafa, caso contrario de cuando se firma a través de un biométrico, como la huella dactilar, la cual es casi imposible de duplicar.

Mito 2: Las empresas guardan los datos biométricos y cualquiera los puede utilizar de forma incorrecta.

Realidad: los datos biométricos se obtienen solo bajo tu autorización y para las finalidades específicas para las que se requieren. En México, cada vez más empresas utilizan la verificación biométrica para compararla con una base o registro previo, en este caso con la información de huellas dactilares que se encuentra en la base del Instituto Nacional Electoral. A través de dicha comparación, se tiene certeza de que la persona que está solicitando un servicio o producto, sea quien dice ser. Empresas como AT&T México, están a la vanguardia y emplean el contrato digital con firma biométrica para contrataciones y renovaciones, lo que contribuye a prevenir el robo de identidad y a brindar un proceso más ágil a los usuarios.

Mito 3: Las contraseñas solo son descubiertas cuando son fáciles

Realidad: Si bien es cada vez más difícil recordar diferentes contraseñas, sobre todo cuando un estimado sugiere que podemos tener hasta 27 cuentas en promedio,[3] reutilizar la misma contraseña para recordarla más fácilmente y guardarla en los navegadores la hace vulnerable ante hackers que buscan la forma de robar nuestra información. Los generadores de contraseñas pueden ser de gran ayuda a la hora de crear contraseñas seguras, ya sea que la guardes en un archivo cifrado y hasta en una hoja de papel, lo importante es que estén seguras y lejos del acceso de cualquier otra persona que no seas tú.

La tecnología avanza rápidamente, pero los valores de la sociedad pueden no adaptarse de forma tan ágil. Aprovechar la tecnología a nuestro favor para estar más seguros nos permitirá perder el miedo y desarrollar nuestra conciencia de ciberseguridad.

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