Por Silvia Ojeda, Directora de Fundación Instituto Natura México
En México, la conversación sobre educación suele centrarse en los retos de la educación secundaria, en adolescentes que dejan la escuela o en jóvenes que enfrentan la falta de oportunidades laborales. Sin embargo, pocas veces volteamos a ver el momento donde realmente comienza todo: los primeros años de vida.
De acuerdo con UNICEF, durante los primeros mil días de vida (poco más de dos años y medio) el cerebro forma más de un millón de conexiones neuronales por segundo, una velocidad que no volverá a repetirse en ninguna otra etapa. Esto significa que las experiencias tempranas —el juego, el lenguaje, la nutrición, el cuidado, la lectura, la convivencia y los vínculos afectivos— tienen un impacto directo en la capacidad de aprender, relacionarse y desarrollarse plenamente. De hecho, la primera infancia puede entenderse desde el nacimiento hasta los 8 años de edad, que es cuando las niñas y niños se encuentran cursando los primeros años de primaria.
Por eso, la educación no debe entenderse únicamente como una preparación para la escuela, sino como una base para la vida. Es el punto de partida para desarrollar habilidades cognitivas, sociales y emocionales que acompañarán a niñas y niños durante toda su trayectoria educativa y personal. Incluyendo las bases para aprender a leer y a escribir en los primeros años de primaria.
Dicho lo anterior, aprender a leer y escribir a tiempo es fundamental, porque no solo estructura el pensamiento y será la herramienta indispensable para posteriormente adquirir conocimientos, sino que a su vez fortalece la comprensión, la comunicación y la capacidad de relacionarse con el mundo. Cuando estas habilidades no se desarrollan de forma adecuada desde los primeros años, las brechas de aprendizaje suelen ampliarse con el tiempo.
En México, datos del INEGI señalan que 74.3% de las niñas y niños de 3 a 5 años asiste a preescolar, kínder o hasta primaria (excepcionalmente). Esto significa que una de cada cuatro niñas y niños en ese rango de edad no acude a la escuela. Entre quienes no asisten, la razón más frecuente es que “no tiene necesidad porque es pequeño”, con 71.7% de los casos.1
Ese dato revela un reto profundo, porque todavía persiste la percepción de que el aprendizaje comienza cuando una niña o un niño “ya está grande”. Pero la evidencia demuestra lo contrario. Los primeros años son el momento en el que se construyen los cimientos del aprendizaje futuro. Esperar puede significar llegar tarde.
Desde Fundación Instituto Natura y Avon sabemos que la educación es un derecho habilitante y que sus garantes son, de manera compartida y corresponsable, el Estado, las familias y la sociedad. La escuela es el principal lugar donde en gran medida ocurre la magia del aprendizaje formal. La sociedad civil y el sector privado también contribuyen a generar mejores condiciones y oportunidades desde la primera infancia. Y es en esta visión sistémica donde los docentes juegan un papel preponderante y clave: son ellos quienes enfrentan cada día los desafíos de cada niña y cada niño que acude a las aulas, con sus mochilas llenas de particularidades. Son las y los docentes quienes con su amor y dedicación marcan vidas y acompañan todos los días a las infancias en la consolidación de aprendizajes fundamentales, entre ellos aprender a leer y escribir a tiempo.
En el marco del Día del Maestro y la Maestra, reconocemos profundamente su papel fundamental en el desarrollo de esos aprendizajes. Su trabajo no solo impulsa conocimientos académicos, también fortalece habilidades emocionales, sociales y cognitivas que marcarán toda su vida.
México tiene la oportunidad de fortalecer su agenda educativa poniendo en el centro los aprendizajes fundamentales, como aprender a leer y escribir a tiempo. Impulsar estas habilidades desde los primeros años representa una gran oportunidad para contribuir al desarrollo integral de niñas y niños y al futuro del país.
Si queremos mejores resultados educativos, necesitamos empezar antes o al menos empezar a tiempo y en ese camino, las maestras y maestros son clave para ayudar a que niñas y niños desarrollen aprendizajes fundamentales, cierren brechas desde el origen y construyan más oportunidades para su futuro. Hoy reconocemos su labor y su impacto transformador en este día, con la certeza de que invertir en los primeros aprendizajes es también invertir en el futuro de México. Gracias por el amor y la dedicación para lograr el máximo potencial de cada niña y cada niño.
¡Felicidades a todas las maestras y maestros de México en su día!
![]() | Por Silvia Ojeda, Directora de Fundación Instituto Natura México |
1 INEGI. Estadísticas a propósito del Día del Niño y de la Niña https://www.inegi.org.mx/contenidos/saladeprensa/aproposito/2024/EAP_Nino24.pdf
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Artículo de opinión | Ciudad de México, Mayo 2026





