Cuando el chiste pierde la gracia

Por Nora González


El sentido del humor es un rasgo de la personalidad y una cualidad muy valiosa. Saber reírse incluso en los momentos más duros de la vida, es un aspecto que destaca y sobresale en nuestra personalidad. Incluso nos puede llegar a definir como sociedad. Al imaginarnos países y sociedades más serias y frías, es generalmente porque las medimos por el sentido del humor.

Como mexicanos, podemos destacar que tenemos casi “inherente” este rasgo en nuestr0 carácter, que define nuestra forma de ser y de comportarnos como sociedad, obviamente salvando las distancias y sin caer en las generalidades. Es admirable, porque el sentido del humor, reírse, reponerse y tratar de ver lo positivo de la vida, llegando a ironizar de una forma sana las cosas que nos pasan, no es otra cosa que una fortaleza, un toque de resiliencia, porque incluso nos fortalece. No significa que banalicemos, las tragedias o dificultades de la vida.

Y precisamente en esta línea va la reflexión: porque hay que saber distinguir la risa de la burla. Hay una línea muy delgada entre estas dos situaciones… recordemos si no, cuando alguien ha caído o tropezado delante de nosotros y es prácticamente imposible evitar reírnos, mientras que aquel que está viviendo el momento bochornoso, trata de que nadie se dé cuenta y minimiza el accidente.

Es justo ahí donde está esa línea casi transparente y divisoria. Si bien, a veces la risa puede ser involuntaria y es incluso inofensiva, cuando salta de ser algo inocente, a una burla y reírnos porque la situación de alguien o de algo, nos lo provoca, es cuando debemos parar. Porque las burlas hieren. Aquí el chiste deja de ser gracioso. Claro que el sentido del humor incluye muchas veces, sabernos reír de nosotros mismos. Pero no cuando esta risa, provoca “diversión” en deterioro de lo que pueda provocar en los demás.

Al ser conscientes de que las palabras pueden herir o lastimar, estas heridas se pueden agravar si van acompañas de chiste, en una forma despectiva. No desparece el sentido del humor; al contrario, pero ya hay una responsabilidad cuando nos damos cuenta de que se daña los sentimientos de alguien más. Podemos parar una masa de burlas que puede llegar a convertirse en una bola de nieve hasta tomar tal fuerza, que se convierte en una avalancha llamada “bullying”, este acoso es el que nos abruma.  Incluso en la edad adulta. Porque las burlas o chistes que se hacen sobre nosotros nos marcan para siempre.

Reírnos, es un aspecto maravilloso y saludable. Saber tomar las cosas de la vida con sentido del humor, es reflejo también de ser inteligentes y reconocer que nos podemos reír de todo. Excepto de aquello que por muy gracioso que sea, daña y puede herir a los demás. Hay heridas profundas que han nacido así, especialmente cuando hacemos mofa de ASPECTOS FÍSICOS de las personas. Pareciera inofensivo, pero no lo es. Y culturalmente hablando es difícil separar esta dualidad: chiste/burla. Pero recordemos que el sentido del humor, la capacidad de reírse, de fortalecerse mediante esta cualidad que nos hace sentir vivos y nos ayuda a la salud; además, está atada de una forma casi imperceptible a la ligereza, a la burla por mera diversión y a la ofensa. Y es donde tenemos la capacidad de parar y de promover esa “conciencia colectiva” para fomentar el respeto a los demás a pesar de lo “gracioso” del chiste.


Artículo escrito por Nora González


Nora González cuenta con más de 15 años de experiencia en el sector social, tanto en México como en España.

Su trayectoria ha estado enfocada en áreas sociales; en el ámbito público y en Organizaciones Civiles. Además ha desempeñado cargos en Participación Ciudadana, Prevención de la Violencia de Género, Diseño y Formulación de Proyectos de Cooperación Internacional y Capacitación y asesoría en Recaudación de Fondos.

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